jueves, 27 de septiembre de 2012

Mi guía

¿Quieres ser mi guía?



Al final va a ser verdad que la mentira huele de lejos, que el adulterio se pesa en kilates, que el invierno es triste y largo en Lisboa, que las paredes laten y las sábanas aún respiran a ti.

Al final va a ser verdad que los cuadros se colgaron solos, que en las fotos en blanco y negro de mis cajones ya no estás tú, que la inquina se ha vuelto desprecio, que el desprecio se ha vuelto pasión, y que la pasión te ha llevado de nuevo al infierno.

Cuando despiertes mañana recuerda que yo nunca estuve aquí. Cuenta hasta diez y cierra los ojos. Maldice. Respira hondo. Levántate y asómate a la ventana.

Al final va a ser verdad que no te merezo, que la distancia es infinita y que el sexo a deshora no nos basta.

Cuando despiertes mañana recuerda que yo nunca estuve aquí, que no eran mis manos las que te tocaban ni era mi alma la que rasgabas con tus dedos.

jueves, 26 de julio de 2012

ÉRAMOS

Desgastados por el mal humor, incipientes en el deseo, adolescentes con arrugas en el alma. Así éramos nosotros dos, cada uno de una parte de la vida, de la ciudad, y de la fama. Yo venía de familia humilde, tú aspirabas a grandeza. Yo estudiaba, tú ibas a estudiar. Mi bici me desplazaba por el mundo, tú acababas de heredar aquel coche destartalado donde nos amábamos cada madrugada.

En nuestros sueños lográbamos nuestras metas, pero la realidad era otra. Veníamos andando de lejos, aprendimos a nadar casi a la vez, los cristales temblaban, el cielo se oscurecía como hoy, y el viento soplaba sin cesar.

En las fotos de aquella revista que aún guardo en el cajón sales estupenda. Igual que en las fotos que gasté de tanto mirar mientras divagaba a media tarde por los pasillos de la facultad.

Siempre pensé que la maldición de la cabina acabó con nuestro futuro. Que alguien, lejos y sin conocernos, nos había predestinado a que la infancia se mezclase con la pasión, a que los billetes de metro sin pasajeros nos costasen más caro, que él y tú retozárais en el diván del tiempo, que yo extrañara lo que nunca tuve, en una especie de círculo vicioso del azar, el amor y la maldición.

Desempolvar aquellas cartas, aquellas fotos, supone para mi una vuelta a un pasado efímero, a lo más recóndito de la memoria, a la posibilidad de redención.

Éramos otros. Éramos jóvenes.
Pero aún hay días que te extraño.

domingo, 22 de julio de 2012

Diez

Cuento hasta diez y en el nueve siempre llegas tú. Como entonces, en aquel coche desvencijado que nos ocultaba de la luna para hacer el amor.

Qué más da si él también estaba allí. Al final pudimos. Vencimos al cielo estrellado, cambiamos nuestros nombres por otros, tomamos prestado el elixir de la juventud.

Mis cajones ya no me miran. Oigo llorar pero ya no somos nosotros.

Cuento hasta diez y en el nueve siempre apareces tú. Como entonces. Maquillada de forma ténue, vestida de muñeca, oliendo a jazmín.

Qué más da si él también estaba allí. Al final supimos que el final estaba cerca, nos dimos cuenta de que llovía demasiado fuerte, y de que no tenía sentido arrancar de cuajo todas las flores de la estación.

Es una lástima. Cuento hasta diez y ya no te escucho. Ocho, nueve, diez,... antes siempre llegabas tú...

sábado, 21 de julio de 2012

La noche pertenece a los amantes.

Porque la noche pertenece a los amantes, ahora me toca escribir de sueños pasados, de vuelos sin motor, de páginas en blanco rellenadas, regaladas, recontadas, recibidas, recíprocas.

Hace mucho que no escribía. Tal vez demasiado.

Y volver a hacerlo trae de nuevo a mi memoria canciones que había olvidado, relegado, con las que había retozado, recambiado tu nombre por el de otra, llorado, sonreído, abandonado.

La noche pertenece a los amantes y todo lo que hay escrito en los cajones me pertenece a mí.

El viento divide las batallas, hace que ganemos o perdamos tiempo, nos recuerda que somos vulnerables, nos olvida y nos destruye. Y tú estabas ahí casi siempre, cuando mi casa ardía, cuando la soledad era la compañía y las  cuartillas en blanco brotaban sin cesar.

Suena la música de fondo en el viejo tocadiscos que alguien me regaló. Abajo, en la calle, truenan los gritos y balonazos de los niños jugando al fútbol y yo escribo. Años después esos mismos niños son drogadictos, médicos, funcionarios, parados... Y yo vuelvo a escribir.

Porque la noche pertenece a los amantes, tal y como canta Patty con la tez envejecida, arrugada, necia como en la portada de aquel 45 rpm.

Nos hemos olvidado de lo que realmente importa, del abrazo a destiempo, de las palabras amables, del cariño envuelto en papel celofán de segunda mano y descolorido, del color del aliento, de los bolígrafos que se agotan de usarlos, de las poesías de juventud, de las canciones que inventaron los poetas del metro, de viajar sin peaje, del amor.

Cuando envejezcamos podremos contar a nuestros nietos que solíamos escribir, aunque no sirviera para nada.

La noche pertenece a los amantes.


viernes, 20 de julio de 2012

Otro bombón.

Los gritos de las aceras nunca sirvieron para nada. Ni las quejas de sofá. Levántate y anda, me dijeron una vez. Y eso hice. Comencé a andar y no detuve mi camino hasta ver el mar.

Pero el mar ahora está muy triste. Hace años que no recordaba episodios pasados y el jacuzzi los ha traído a mi memoria.

Pero está bien que sea así, me repite mi conciencia. A veces es bueno echar un vistazo por el retrovisor para seguir avanzando, a veces resulta coherente hacerlo. Aunque duela.

En aquellos años yo era otro. Otro yo. Otro bombón.

Recuerdo como si fuera hoy el dolor de las palabras, las caricias por la espalda, el sabor de tus labios, el olor de tu cuello impregnado de perfume, la paz interior que me dabas. Cuando gemir no tenía sentido si no estabas tú, fue justo cuando apareció él.

Pero no fue él, ni tú, ni seguramente yo. Fueron mis miedos, mi debilidad, mis circunstancias.

Años después los gritos en las aceras, las cabinas de teléfonos, el vacío de poder, ya casi no queda nada de todo aquello.

Se ha perdido el ímpetu, las ganas de amarnos como entonces, la comprensión, el vértigo de sentir que te perdía.

Ha llovido mucho desde entonces. Quizás demasiado.

Pero sobre todo es que yo ya no soy el que era.
Aunque a veces todavía, a ratitos, aún te eche de menos.

Pero ahora soy otro yo.
Otro bombón.

martes, 17 de julio de 2012

María



Melena rubia, ojos de gata, marido canalla. María bebe a sorbos la vida, juega con fuego, diluye las penas en cerveza de labios añejos. Cuando sube las escaleras la falda le juega malas pasadas, y piensa qué mala suerte tuvo con aquel chico bien parecido que la pretendió hace un par de años y del que ya solo recuerda su nombre. Marcial.

Cuando gime, María estruja paredes, rompe cristales, detona tímpanos. Aunque se tapa la boca, ella goza de la misma manera que los animales en celo, como si dios crease de nuevo el mundo con un taladro percutor, como una jauría de perros persiguiendo su presa, como una leona.

A mi me gusta decirle que se parece a Scarlett, aquella actriz que salió una vez desnuda y ruborizó a toda la sala de cine. Y es verdad. Se parece. Desnuda frente al espejo, de espaldas, es clavadita a ella, aunque mucho más tersa y joven.

A veces pienso que entre ella y yo todo era platónico. Incluso le conté la teoría incontable a tantas y tantas mujeres. Incluso cené con ella.

Creo que somos almas gemelas. Que en el fondo sus miedos son también los míos, que sus desvelos me desvelan a mi también, y que salvo en los libros, podríamos ponernos de acuerdo en casi todo.

Pero estamos tan lejos...

lunes, 28 de mayo de 2012

Veinte años menos

El hombre mira a la joven. Se atusa el pelo, se sienta, cabecea un poco y saca un libro. Cómo disimular el encanto, -piensa-, cuando la ve recogerse la falta, alzar la mirada a su alrededor y desprender su perfume idiotizante. El hombre recurre al pensamiento furtivo. Recuenta hasta cien por tercera vez para evitar la tentación de la mirada de soslayo, y se frustra. La chica pasa la mano por el bolso como apretando contra su piel la esencia del teléfono móvil que guarda dentro. Hace una leve mueca de desolación al comprobar que el carmín se le ha corrido, y que su cara ya no reluce como hace solo cinto minutos, cuando se miró por última vez al espejo. El hombre mira a la joven y piensa. Si tuviera 20 años menos...

viernes, 25 de mayo de 2012

Siempre tuviste los ojos tristes.

Siempre tuviste los ojos tristes. Desconozco la razón, pero siempre me dio la sensación de que añorabas algo, de que extrañabas un mundo que no era el mío. Tus ojos tristes me enloquecieron durante meses. Me perdí en ellos, lloré con ellos, y juré que nunca más volvería a mirarlos. Pero hoy te he extrañado. Hoy, después de muchos años sin pensar en tu mirada, he vuelto a hacerlo. Y he vuelto a recordar que siempre tuviste los ojos tristes. Aunque a mi me gustaban. Esos ojos iluminaban todo a su paso. Siempre tuviste los ojos tristes. Ojos de gata, inmunes a las lágrimas, brillantes, especiales, admirables. En esos ojos me reflejé yo muchas noches. Veíamos pasar el tiempo y hacíamos planes, contábamos lo imprescindible a los que nos rodeaban, éramos felices. Muchas noches recuerdo cómo mirabas la luna justo un segundo después de levantarte de la cama, aún somnolienta, de madrugada. Siempre tuviste los ojos tristes. Pero a mi me gustaban.

AMANECE

Amanece y aquí sigo, tendido en la cama respirando el humo de las chimeneas de mi memoria, haciendo maletas que nunca nadie deshará, abrochando sostenes confusos, recopilando anécdotas anónimas, burlándome de mi propio destino.

Amanece como ayer y como mañana, y aquí sigo. Buscando al almohada que perdimos tú y yo en París, recordando melodías olvidadas, rebuscando en cajones, repasando con calma la desidia de las prisas y el estrés de no hacer nada.

Amanece y aquí sigo. Tú cantas y bailas. Yo, distraído,  te espío sobre las sábanas mojadas.

jueves, 24 de mayo de 2012

Es hora.

Es hora de volver la mirada y no ver a nadie. Es hora de nadar sin corrientes, de tirarse a aquella piscina vacía de hojas que se agarró a nuestra memoria, es hora de perder, de volver a perder, es hora de resistir en la batalla.

Las canciones de nuestra infancia vuelven a recordarnos que nos hacemos viejos. Los niños sonríen en el parque, las cervezas cambian de manos en el bar, aquella chica que nos encontramos siendo una niña se ha convertido en mujer, y el incienso sigue oliendo a muertos.

Es hora de volver. Es tarde. Es hora de volver a ver, de releer, de pasar por caja, es hora de sentirnos afortunados de nuevo, de disparar sin balas, de contar hasta diez y de volver a contar. Es hora de redimirnos, de teclar en este maldito ordenador prestado todo aquellos que nunca nos atrevimos a contar, es hora de cantar, de escuchar, de silbar a los pájaros mientras esperamos el autobús en medio de la nada.

Tu dulzura se diluye como un azucarillo cuando vienes borracha. Es hora de amar, de relanzar, de revolcarnos en el barro como dos adolescentes cuarentones. Es hora de aprender a decir lo siento sin ruborizarnos, de recorrer las calles desiertas de un país extraño, es hora de divagar, de desear no hacer nada, de rezar, de mirar atrás y no ver nada.



miércoles, 16 de mayo de 2012

Rubia sol, Morena luna

Ha llegado la hora de dejar de lamentarse, de calzarse las botas más pesadas que tengas en el armario y de volar.

La música calma a las fieras cuando no tienen para comer. Esa, por desgracia, es otra falacia más del sistema que nos obliga a ser ciudadanos ejemplares.


Amar a dos es igual a no amar a ninguna.
Rubia sol, Morena luna.
Caramelos de Cianuro.


viernes, 11 de mayo de 2012

El viento, de nuevo

El viento golpea de nuevo mi ventana mientras todo fluye alrededor.

La vida pasa, -pienso-, y yo sigo aquí, recostado, viendo cómo las hojas caen y se levantan, cómo ya ni la ginebra con tónica ahoga mis penas, cómo las sonrisas al otro lado de la puerta se vuelven cada vez más agresivas.

El viento, seguramente este viento, ha hecho que me entren ganas otra vez de escribir. Hay quien piensa que las cuartillas en blanco tienen poder curativo, que son milagrosas para los dementes, los enfermos de amor, para quienes tienen tendencia a la depresión permanente.

Pues para todos ellos va. Ahora, en un momento en que no encuentro motivos para escribir voy a ponerme de nuevo a hacerlo. En este blog. En este rinconcito de mi casa, dentro de un ordenador maltrecho, con teclas que suenan a viejas y me recuerdan que los años no pasan en balde, y que ya no somos los mismos y que nunca volveremos a ser como éramos.

El viento golpea de nuevo mi ventana.
Pasa, le digo. Estás en tu casa. Estás en mi ínsula imaginaria.
Estás en mi particular Barataria.

miércoles, 21 de marzo de 2012

En breve retomaremos el blog.

sábado, 2 de abril de 2011

EL ESPEJO DE SANCTI PETRI

Empuja, ahora que puedes, huye, salta, viaja.

El espejo de Sancti Petri va y viene. Como quien no quiere la cosa.